miércoles, 10 de noviembre de 2010

La tía proletaria y las ínfulas de sus vástagos

Todo el mundo tiene una tía rica. Una tía que regala Barbies e invita a fincas con piscina. Esas tías son divertidas. Pero lo que es realmente divertido es tener una tía que se cree rica pero es realmente la más proletaria de la familia. La que come con los codos en la mesa y la boca abierta, pero se jacta de haber tomado el té con baronesas. Sí, en el tercer mundo, baronesas.

"Ven y te enseño alcurnia", dice la tía. Como si eso fuera algo que se aprende.

Por supuesto, como el mal se reproduce, la tía proletaria tiene una amplia prole. Un grupo aterrador de vástagos que crecieron "comiendo mierda pero eructando pollo", que recuerdan a Anastasia y Griselda y que sienten la necesidad imperante de imponer sus opiniones y estilos de vida para disimular unas vidas llenas de privaciones y una crianza bajo el discurso permanente de pertenecer a una rancia aristocracia de línea desaparecida.

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