Nada peor que una fea amargada.
Imaginemos, por ejemplo, una pelambre de esponjilla bombril en la cabeza que la tuvo durante años experimentando con Lisina, unos ojos permanentemente entrecerrados que hacían a las mamás de las amiguitas pensar que estaba drogada desde los trece años, y un tamaño de mastodonte que sugeriría problemas tempranos de tiroides. Quel horreur!
Personas a quienes la Naturaleza les negó un poquito de hermosura abundan. Pero cuando la fealdad va de la mano con un corazón oscuro, hay que clasificar.
Estas son las bullies que se hacen las que no. Tienen características de la típica mala de las telenovelas, pero en la vida real: fea, mala, resentida y mentirosa. Pero como son feas, las pobrecitas, se esconden detrás de su falta de gracia para disimular sus malas intenciones.
Para esconder su humilde origen social, a menudo salen de la boca de estas personas expresiones como "mi papá me enseñó mucha clase", sin saber que la clase no es algo que se aprende. Sus familias, de cortes igualmente arribistas, suelen pretender pertenecer a clases sociales superiores años más tarde cuando han vivido buenas rachas económicas. Las hijas menores de estas familias estudian en costosos colegios para señoritas, mientras los hijos mayores estudiaron en planteles de clase media.
Como la fealdad en estas personas va por dentro y por fuera, son ese tipo de persona que es capaz de negar comida al hambriento, bebida al sediento, techo al desamparado, si esto significa tener la satisfacción de haber humillado a alguien hasta hacerle llorar. Algunas hasta son capaces echarlo a uno de su propia casa, fiesta, carro, o carpa, si les parece que alimentará un poco más sus egos.
Sin embargo, el resentimiento social y estético nunca abandonarán a estas doñas, que compensarán su falta de gracia con unas patas permanentemente abiertas, disponibles para cualquiera de esos hombres que opinan que 'en tiempos de guerra cualquier hueco es trinchera'.