En estas tierras, antiguas colonias españolas, pululan los personajes que creen ser descendientes de miembros de la nobleza. Es triste ver esos miembros de la aristocracia venidos a menos viviendo en esos conjuntos cerrados del norte que parecen colmenas de personas, soñando con el día en que puedan vivir en estratos más altos. Son aquellos que insultan a las empleadas de servicio, en ocasiones llegando a agredirlas físicamente, invocando un antiguo deseo de ser terratenientes esclavistas.
Algunos están realmente en condiciones paupérrimas. Claro, es natural, de abolengo no se vive. Los más tristes, de hecho, han recurrido a robar las casas de sus familiares, inventando cuentos y engatusando celadores para que les crean que aquello que se roban les pertenece. No falta entonces encontrar que se ha perdido el marco de plata donde antes estaba la foto del abuelo. No es que por nostalgia se hayan llevado el retrato, ése lo dejaron en el puesto, ahora con un marco de aluminio. O lo que es peor, que se ha perdido un televisor. Siempre es que se ve cada cosa.
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